jueves, 24 de marzo de 2011

Arlet Hinojosa recoge el premio Jordi Serra i Fabra


El pasado martes nuestra compañera de 4º B, Arlet Hinojosa, recogió el premio de literatura juvenil Jordi Sierra y Fabra, por su novela La leyenda negra, que será publicada a lo largo del presente año por la editorial SM.
El galardón fue entregado por la princesa Doña Letizia, quien animó a los presentes a "invertir esfuerzo en la lectura" pues "tiene ganancia asegurada, nulo riesgo y toda la rentabilidad", y a demás añadió que "leer es el beneficio de pensar".
Según le ha contado Arlet a Jordi, después de leer "Los archivos de Salem", de Robin Cook, tuvo deseos de escribir una historia sobre brujas y después de investigar casos de brujería en España, descubrió la historia de Zugarramundi en el siglo XVII, donde la Inquisición quemó a varias mujeres acusadas de brujería. Este es el contexto en el que Arlet, mezclando realidad y fantasía, sitúa a las dos mellizas protagonistas de la novela.
En palabras del jurado, la novela "está muy bien documentado, los personajes son verosímiles y diferenciados, la trama está perfectamente urdida, jugando con lo real y lo imaginario. No hay soluciones sacadas de la manga, tiene coherencia, está muy bien escrita, posee personalidad y se lee con gusto e interés. Los diálogos son ágiles, el final no es previsible, el texto es maduro, bien planificado y elaborado".

La noticia en el diario Información.
La noticia en la web de la Casa Real.
La noticia en la web de la fundación JSiF
Arlet entrevistada en Onda Cero Radio
Crónica de la entrega de premios, por Javier Ruescas
Entrevista en Culturamas.
Entrevista en el diario La verdad.

Nuevamente te felicitamos, Arlet, y te damos la enhorabuena por tu trabajo y el honor que supone recibir un premio de estas características, deseosos de leer tu libro en cuanto salga publicado.

domingo, 13 de marzo de 2011

Fortunata y Jacinta. Episodio 1.

http://www.rtve.es/television/fortunata-jacinta/



Para saber más, pincha aquí:



Emilia Pardo Bazán



No os perdáis este interesantísimo documental sobre la vida de Emilia Pardo Bazán emitida por RTVE en la serie Mujeres en la historia.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091124/mujeres-historia/636121.shtml



Podéis ver la adaptación televisiva de Los pazos de Ulloa producida por RTVE:


A través de estos episodios percibiremos el ambiente opresivo y sórdido que la autora describe en su obra siguiendo las directrices del Naturalismo.

En el capítulo XXVIII de la novela Los pazos de Ulloa se encuentra la escena en la que Perucho rapta a su hermanastra, hija legítima de su padre, creyendo que la protege del maltrato paterno. En la serie televisiva aparece al final del tercer episodio. Vosotros mismos podéis comparar ambas escenas.

Versión televisiva:

Texto original:
El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él: el señorito tenía entonces la misma cara, idéntico tono de voz. Y en medio de la confusión de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una idea, superior a todas, se levantó triunfante. No cabía duda que el señorito se disponía a acogotar a su esposa y al capellán; también acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel día, según indicios, debía ser el de la general matanza. ¿Quién sabe si, luego que acabase con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la vida a la nené? Semejante pensamiento devolvió a Perucho toda la actividad y energía que acostumbraba desplegar para el logro de sus azarosas empresas en corrales, gallineros y establos. [...]

Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tomó como quien toma un muñeco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar la cama por los brazos de su precoz raptor. Éste, conteniendo hasta el respirar, andando con paso furtivo, rápido y cauteloso -el andar de la gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel del pescuezo-, se dirigió a buscar la salida por el claustro, pues de cruzar la cocina era probable una sorpresa.

En el claustro se paró obra de diez segundos, para meditar. ¿Dónde escondería su tesoro? ¿En el pajar, en el herbeiro, en el hórreo, en el establo? Optó por el hórreo -el lugar menos frecuentado y más oscuro-. Bajaría la escalera, se enhebraría por el claustro, se colaría por las cuadras, salvaría la era, y después nada más sencillo que ocultarse en el escondrijo. Dicho y hecho.

Arrimada al hórreo estaba la escala. Perucho comenzó a subir, operación bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla. Lo estrecho y vertical de los travesaños imponía la necesidad de agarrarse con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no disponía de las manos; la energía de la voluntad se le comunicó al dedo gordo del pie, que semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de palo, bruñidas ya con el uso. En mitad de la ascensión pensó que rodaba al pie del hórreo, y apretó contra el pecho a la niña, que, despertándose, rompió en llanto... ¡Que llorase! Allí no la oía alma viviente; por la era sólo vagaba media docena de gallinas, disputando a dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entró triunfante por la puerta del hórreo...

Las espigas de maíz no lo llenaban hasta el techo, dejando algún espacio suficiente para que dos personas minúsculas, como Perucho y su protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sentó sin soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en labios del aldeano.

-Reiniña, mona, ruliña, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas, bunitas, bunitiñas... ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡Velo ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita!

[...]

El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie daría con ella. Ni un minuto recordó al duro y bronceado abuelo tendido allá junto al paredón... A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre. Así Perucho. La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le distraían de los trágicos acontecimientos recientes. No se acordaba del abuelo, no, ni del trabucazo que lo había tumbado como él tumbaba las perdices.

[...]

La nené no oyó el final del cuento... La música de las palabras, que no le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados... Acomodó lo mejor que pudo el lecho de espigas; llególe el mantón al rostro, como hacía Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y resuelto a hacer centinela, se arrimó a la puerta del hórreo, en una esquina, reclinándose en un montón de maíz. Pero fuese la inmovilidad, o el cansancio, o la reacción de tantas emociones consecutivas, también a él la cabeza le pesaba y se le entornaban los párpados. Se los frotó con los dedos, bostezó, luchó algunos minutos con el sueño invasor... Éste venció al cabo. Los dos ángeles refugiados en el hórreo dormían en paz.

Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que agitaba a Perucho, veía el muchacho un animalazo de desmesurado grandor, bestión fiero que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada... Se le erizó el cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien... ¡Qué monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho..., sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le cae encima lo mismo que una roca inmensa... El chiquillo abre los ojos...

Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo como un héroe. Bajando la cabeza, se atravesó en la entrada del hórreo, y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla con el cuerpo... Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y lo redujo a la inacción, comprimiéndolo y paralizándolo. Cuando el mísero chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás... La niña había desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que derramó por más de media hora revolcándose entre las espigas.

Se puede leer la obra en el siguiente enlace:

http://es.wikisource.org/wiki/Los_Pazos_de_Ulloa


martes, 15 de febrero de 2011

ARLET GANA PREMIO LITERARIO

EN REPRESENTACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE CASTELLANO Y LOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE
4º B,
QUEREMOS FELICITAR A LA ALUMNA DE ESTA CLASE
ARLET,
GANADORA DEL
POR SU NOVELA:

(Pincha sobre el título para más información.)

¡¡¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES, ARLET!!!

miércoles, 26 de enero de 2011

DÍA DE LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA


"La paz no es la ausencia de tensiones, sino la práctica de la justicia."
Mahatma Gandhi, asesinado a tiros el 30 de enero de 1948.



La rueda de la paz

A la rueda rueda
del pipirigayo.

Niños de la tierra,
unid vuestras manos.

A la rueda rueda
del ajonjolí.

Unid vuestras manos
para no morir.

A la rueda rueda
del miramelindo.

Si la guerra viene,
morirán los niños.


A la rueda rueda
que no rueda más.

Paz para los niños.
Paz.

Fuente: Poema de Juan Rejano, en La rosa de los vientos, Ed. Vicens-Vives.

Tristes Guerras


Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes. Tristes.

Miguel Hernández, Cancionero y Romancero de Ausencias.


La cultura del terror/2

La extorsión,
el insulto,
la amenaza,
el coscorrón,
la bofetada,
la paliza,
el azote,
el cuarto oscuro,
la ducha helada,
el ayuno obligatorio,
la comida obligatoria,
la prohibición de salir,
la prohibición de decir lo que se piensa,
la prohibición de hacer lo que se siente
y la humillación pública
son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo.
Los derechos humanos tendrían que empezar por casa ─me comenta, en Chile, Andrés Domínguez.


Eduardo Galeano, El libro de los abrazos, Ed. Siglo XXI.

Suzanne Vega, Me llamo Luca.



La Muralla

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos.
Los negros, su manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

¡Tun, tun!
¿Quién es?
Una rosa y un clavel...
¡Abre la muralla!
¡Tun, tun!
¿Quién es?
El sable del coronel...
¡Cierra la muralla!
¡Tun, tun!
¿Quién es?
La paloma y el laurel...
¡Abre la muralla!
¡Tun, tun!
¿Quién es?
El alacrán y el ciempiés...
¡Cierra la muralla!

Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla...

Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte
...

Nicolás Guillén


Ana Belén y Víctor Manuel



FE

En la inmensa mayoría


Podrá faltarme el aire,
el agua,
el pan,
sé que me faltarán.

El aire, que no es de nadie.
El agua, que es del sediento.
El pan... Sé que me faltarán.

La fe, jamás.

Cuanto menos aire, más.
Cuanto más sediento, más.
Ni más ni menos. Más.

Blas de Otero




La pelea de las lagartijas
(Fábula tradicional procedente de Burkina Fasso, África.)

En una pequeña población, de vida tranquila y ordenada, dos lagartijas se enredaron a pelear enfurecidas, no ha llegado a saberse la razón pues nadie mostró interés por el altercado, excepto un perro que al pasar junto a ellas y verlas mordiéndose furiosas, las contempló con horror. El perro no podía permanecer impasible ante aquel doloroso espectáculo y se interpuso entre las lagartijas intentando separarlas.

-Chicas, chicas, dejad de pelear. No veis que os vais a hacer daño. Seguro que podemos solucionarlo hablando, por favor dejad de pelear.

Pero lejos de desistir, las lagartijas furiosas también golpearon y mordieron al perro. Viendo que no podía separarlas, decidió que era mejor buscar otra estrategia, pues veía con claridad que nada bueno podía resaltar de una pelea como aquella. Fue entonces cuando decidió buscar ayuda, seguro de que cualquiera vería como él la necesidad de parar aquella pelea, y creyó conveniente ir en busca de un experto en resolver conflictos. Repasó la lista de sus conocidos y rápidamente se puso en camino para conversar con el gallo, que le parecía que al vivir con una familia tan extensa, tantas gallinas y tantos polluelos, era seguro que tendría experiencia más que probada en apaciguar peleas.

-Amigo Gallo, necesito de su ayuda, hay dos lagartijas que se están peleando y no me quieren hacer caso. Por favor, acompáñeme y pongamos paz entre ellas.

- Pero perro, amigo mío. Yo ya tengo bastante con mis propios problemas, no vengas a contarme peleas de lagartijas que nada tiene que ver conmigo, déjame vivir tranquilo.

El perro, que era tenaz en la consecución de sus objetivos, no se desanimó y continuó penando. Quizás no necesitaba un experto, muy posiblemente era mejor buscara alguien grande y fuerte que con su sola presencia impusiera respeto, así las lagartijas al verlo aparecer se sentirían cohibidas y dejarían de pelear…pero si eso no sucedía, al menos alguien muy fuerte podría contenerlas sin que le dolieran sus mordeduras y sus arañazos. Piensa, piensa que te piensa, el perro repasó toda la lista de sus amistades, hasta llegar al burro,¡caray! Aquel era un magnífico candidato.

Acudió junto a su casa y se sentó a esperar, el burro trabajaba en los cultivos y no llegaba hasta que el sol no empezaba su camino descendente en el horizonte.

-Amigo burro, ¿cómo estás hoy? Acudo a ti porque sé que me ayudarás. Verás hay dos lagartijas que están enzarzadas en una pelea brutal y no he podido detenerlas. Si tú me acompañas seguro que a ti te harán caso.

-Muy bien, ¿cómo se llaman tus amigas?

-No lo sé, nunca las había visto…

-¿Entonces? No las conoces de nada y quieres que yo vaya a meterme en sus asuntos. Mira perro, yo por ti haría lo que sea, porque somos amigos.. pero por unas lagartijas que no conozco no voy a perder mi tiempo de descanso. Llevo todo el día trabajando sin parar y tengo hambre, déjame comer y deja de preocuparte por esas lagartijas.

Entre tanto, las lagartijas que continuaban en su lucha, habían trepado por la pared de una casa y se estaban peleando sobre el tejado de paja seca (no olvidar que es un cuento africano) y con tanto golpe y tanta carrera, la paja comenzó a ceder y fue cayendo dentro de la casa. En la casa vivía una anciana, muy muy anciana, que se encontraba preparando su comida de la noche, y al caer la paja seca sobre el fuego comenzó a formarse una gran nube de humo que llenó el interior de la vivienda.

La anciana intentaba salir, pero la lentitud de sus movimientos y los ojos cegados por el humo la hicieron chocar con los enseres que había en la vivienda.

-¡Ayuda!..ayuda…ayuda, gritaba cada vez de forma más débil.

La nube de humo se elevaba sobre el tejado. Los habitantes del pueblo la contemplaban horrorizados, y a la voz de incendio todos se pusieron en marcha. Alguien intentó entrar en la casa, pero el tejado se había desplomado impidiendo la entrada. Otras personas corrieron al pozo para transportar agua, el dueño del burro lo cargó con cántaros y lo tuvo haciendo viajes hasta que el incendio se dio por terminado.

Cuando el incendio estuvo apagado y al fin pudieron llegar junto a la anciana, la encontraron como dormida. Debido al humo había muerto por asfixia.

Sus vecinos y familiares entristecidos por la pérdida declararon un día de luto para celebrar los funerales, que realizaron según su tradición. No debemos olvidar que estamos en Burkina Faso, así que organizaron una gran fiesta con la que celebrar que aquella mujer había disfrutado de una larga vida, lo que da grandes oportunidades para ser feliz.

Como sabéis de sobra, las fiestas básicamente tienen los mismos componentes en todas las culturas, nada se celebra sin compartir una buena comida y sin la música, por eso para celebrar aquella fiesta decidieron asar unas cuantas gallinas y…un gallo ¿sabéis cuál?

Este cuento tan sencillo nos da una visión clara de cómo somos y cómo actuamos, como nos cuesta cooperar, nos cuesta preocuparnos por los demás y también nos cuesta trabajar unidos/as por un mismo fin. La comodidad y el miedo a los demás tira demasiado de nosotros hacia el interior de nuestras existencias, empobreciéndolas y poniéndonos en un riesgo grave, que no sabemos ver. Y es así que nos vemos abocados a cooperar cuando las cosas ya son tremendamente graves. Pero entonces no sabemos hacerlo bien, estamos demasiado acostumbrados a la competitividad, al individualismo y no conseguimos encontrar el equilibrio necesario entre nosotros mismos y ser parte de una colectividad.


FUENTE: Carmen Ibarlucea (comp.), Diez cuentos del mundo que ayudan a educar(nos), Asociación Cultural Tremn.

www.tremn.org





Diego Torres, Color esperanza.


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La pobreza: violencia invisible









sábado, 15 de enero de 2011

Bécquer Desconocido

Os presento un nuevo documental sobre Gustavo Adolfo Bécquer que nos ofrece algunos datos de los que no se suele hablar:

Bécquer Desconocido



Fuente:
Biblioteca Virtual de Andalucía

- IV -

No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas;

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista;


mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías;

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista;

mientras la humanidad, siempre avanzando

no sepa a do camina;

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;


mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan;

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!


Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran;

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas;

mientras exista una mujer hermosa

¡habrá poesía!

martes, 9 de noviembre de 2010

Canto a Valencia (1931)


CANTO A VALENCIA

Lema: "Luz...pájaros...sol..."

Para cantar, Valencia, tu hermosura,
no empuño el arpa de oro
que Apolo tañe con experta mano;
sino el guitarro moro
que el áspero huertano,
el de jubón y policroma manta,
al expirar las tardes, en la puerta
de su barraca, pulsa, cuando canta
los melódicos aires de tu huerta.
Con emoción agarro
el musical guitarro,
que, sobre un limonero florido,
está callado y trémulo
como a la noche un pájaro en el nido.
Y aunque en el arte de cantar no ducho,
mientras como las ledas brisas raucas
rizan las ondas glaucas
de tus hermosos mares
miro, lo mismo que el precioso manto
de tu huerta y de tu cielo,
una canción te canto,
dejando huir en anheloso vuelo,
igual que una cometa,
mi feble fantasía de poeta.
¡Valencia...! ¡Orgullo mío!
¡Orgullo del que viera
en tu suelo feraz la luz primera!...
Tierra donde la luz radiosa y brava
se desborda de un sol de oros sutiles,
y donde nunca acaba
de ahitarse el florecer de los abriles.
Sembradora incansable
de nardos y azucenas,
de lirios blancos y claveles rojos
de penetrante aroma,
y de hembras deslumbrantes y morenas
que llevan en las venas y en los ojos
el ardor de las hijas de Mahoma.
Región en la que todo sueña y ríe:
en el éter hundido, el cerril monte
que de su torva majestad se engríe;
en la dormida alberca el horizonte;
en las espesas frondas
del olmo y el cañar el ave gaya;
las fugitivas ondas
en las blondas arenas de la playa.
Bajo el rudo moral la noria alarbe;
la anciana choza con su torva cruz,
junto a la comba del agudo azarbe
como un zigzag sin fin de clara luz.
Y entre las rizas flores
de tus vergeles magos
con paz, con sol y alegres resplandores
de arroyos cancioneros
y de fontanas tranquilas como lagos,
la moza de contornos hechiceros
y de mirares vagos...
Prodigadora espléndida de artistas,
a quienes das, apenas la naciente
alba dorada de su vida empieza,
con un ánima ardiente,
la suprema intuición de la belleza.
Hijo preclaro de tu tierra llana,
el forjador es de "Alma castellana", [Azorín]
y el triste y prodigioso
de "El obispo leproso", [Gabriel Miró]
en donde, con feliz brillar platero
al escapar de Oleza la bonita
vio titilar la gota de un lucero
sobre el techo infantil de una alba ermita.
Hijo glorioso tuyo fue Llorente
que te urdió mil estrofas diamantinas:
y el que desde unas áridas colinas,
mirando hacia el Oriente,
creía ver tus costas blanquecinas,
tu alegre campo y el cielo transparente...
Y aquel viejo y dulcísimo poeta,
que al Turia, el de las aguas espumosas,
infundió roncas voces congojosas,
en aquellas octavas
que así principian su rimado vuelo:
"corrientes aguas, puras y abundosas..."
Y tantos otros como los laureles
han ceñido de gloria y fama suma,
con la sublimidad de los pinceles
y el vigor del cincel y de la pluma.
Tierra de fiestas, de parranda y flores,
de naranjos y albahacas,
de bailes al compás de los tambores
y de alberas barracas
habitadas por recios labradores,
que cantan con primor de ruiseñores
y ríen con estrépitos de tracas.
Madre de la ciudad alicantina:
la de la tersa mar esmeraldina,
llena de blancas plumas
de risueñas gaviotas,
de nácares de velas y de espumas
y músicas de crespas olas rotas.
Madre de ese Alicante
que unge el Mediterráneo palpitante
y que te ofrenda en sus esplendorosos
dominios, con mil pueblos industriosos,
la sin par hermosura
de la vega de Oleza [Orihuela]
que junto a Murcia empieza
y hasta el mar azulenco se dilata,
y que huella el Segura
describiendo, gentil, eses de plata;
y Elche, con su gran bosque de palmeras
de arcos temblantes y de tronco hirsuto,
siempre bajo las crenchas altaneras
como perlas mostrando el áureo fruto.
¡Elche! Que la mañana cristalina
del Domingo de Ramos, ilumina
los templos milenarios
que truenan en sus hondos campanarios,
con la palma arrogante,
arqueada en un ático vaivén,
como si viera de nuevo la triunfante
entrada del Rabí en Jerusalén,
y que tiene una lira alta y segura,
con una enorme cuerda en cada rama,
en la Palmera mágica del Cura
siempre tronando en himno por la Dama
.

…............................................................................

Para cantar Valencia tu hermosura,
no empuño el arpa de oro
que Apolo toca con experta mano;
sino el guitarro moro
del trovador huertano.
El árabe instrumento,
que al dejarlo como un ave en el nido,
del arbusto pulido
donde lo hallé, sobre la florescencia,
oigo que dice con dulzón acento,
al rozar su cordaje el limpio viento:
¡Salve! ¡Salve, Valencia!...

(1931)

Obra poética de Miguel Hernández

Podéis acceder a los poemas clicando sobre el título de cada obra.

1. Perito en lunas (1933)
-"Mis ojos sin tus ojos no son ojos"
4. El rayo que no cesa (1934-1935)
-"Un carnívoro cuchillo"
-"¿No cesará este rayo que me habita?"
-"Me tiraste un limón y tan amargo"
-"Tu corazón, una naranja helada"
-"Umbrío por la pena, casi bruno"
-"Por tu pie, la blancura más bailable"
-"Te me mueres de casta y de sencilla"
-"Me llamo barro, aunque Miguel me llame"
-"No me conformo, no, me desespero"
-"Como el toro he nacido para el luto"
-"Elegía a Ramón Sijé"
-"Soneto final"
5. Vientos del pueblo (1936-1937)
-"Vientos del pueblo me llevan"
-"El niño yuntero"
-"Andaluces de Jaén"
-"El sudor"
-"Canción del esposo soldado"
6. El hombre acecha (1937-1939)
-"Canción primera"
-"Para la libertad"
-"El palomar de las cartas"
-"Canción última"
-"No quiso ser"
-"Besarse, mujer"
-"Llegó con tres heridas"
-"Ausencia en todo veo"
-"¿Qué pasa?"
-"Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío"
-"Tristes guerras"
-"Hijo de la luz y de la sombra"
-"Menos tu vientre"
-"Boca que arrastra mi boca"
-"Cerca del agua te quiero llevar"
-"El azahar de Murcia"
-"A la luna venidera"
-"Nanas de la cebolla"
8. Poemas últimos (1941)
-"Todo era azul"
-"Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío"