domingo, 29 de enero de 2012

JARCHAS ROMANCES

Las jarchas son el testimonio más antiguo que conservamos de poesía en lengua romance. Son versos generalmente de tema amoroso pertenecientes a la lírica popular, cantados por los mozárabes (cristianos que vivían en reinos musulmanes del Al-Ándalus) y recogidos posteriormente por poetas cultos árabes al final de sus moaxajas (poemas cultos en lengua árabe) a modo de estribillo. Otra muestra del bilingüismo de la sociedad andalusí es el zéjel, de estructura parecida (estribillo, mudanza y vuelta), pero donde los versos en lengua romance pueden aparecer en medio del poema.

El siguiente vídeo es una bella y didáctica presentación que os introducirá dulcemente en el tema de las jarchas:



Este es un ejemplo de moaxaja musicada:



Y aquí podréis escuchar algunas jarchas mozárabes recitadas por la actriz Flora María Álvarez.

A continuación, una selección de jarchas romances pertenecientes a moaxajas de autores de los siglos XI al XIII, junto a su traducción al castellano.

1

tanto amare tanto amare
habîb tanto amare
enfermeron olios nidios
e dolen tan male

¡Tanto amar, tanto amar,
amigo, tanto amar!
¡Enfermaron unos ojos brillantes
y duelen tan mal!


2a,b

ben yâ sahhârâ
alba quee stá kon bi-al-fogore
k(u)and bene bide amore

Ven, oh hechicero:
un alba que está con fogor
cuando viene pide amor.


3

mi fena ÿes li-mahtï in luhtu
kon males me berey
non me lesa moberë aw limtu
mama gar ke farey

Mi pena es a causa de un hombre violento: si salgo
con males me veré
no me deja mover o soy recriminada.
Madre, dime, qué haré.


5a

ya mam(m)a si no lesa al-ginna
allora mor(r)ey
traïde hamrî min al-hâgib
'asà sanarey

Oh madre, si no cesa la locura (de amor),
enseguida moriré.
Traed mi vino de (casa de) el hagib,
acaso sanaré.


6

garide-me
k(u)and mio sîdî yâ qawmu
ker(r)a bi-llâh
suo al-asî me dar-lo

Decidme:
¿cuándo mi señor, oh amigos,
querrá, por Dios,
darme su medicina?


7a,b

yâ mamma mio al-habîbi
bay-sê e no me tornade
gar ke fareyo ÿâ mamma
in no mio 'ina' lesade

¡Oh madre, mi amigo
se va y no vuelve!
Dime qué haré, madre,
si mi pena no afloja.


8

um(m)î qi qâl li-ahûb
'aql al-nisâ qaq(q)â
non sabet mio qawlî
hubbî li-man yabqâ

Madre mía, quien dijo al amigo:
'la constancia de las mujeres (es) caca',
no sabe (que) mi máxima
(es que) mi amor es para quien persiste.


9

qultu es
yuhayyî bokel(l)a
hulú mitl es(e)

Dije: 'Cómo
reanima a una boquita
algo dulce como eso'.


10

yâ qoragonî ke keres bon amar
mio al-furâr
lesa ë tu non le lesas dë amar

¡Oh corazón mío, que quieres amar bien!
Mi corderito
se va y tú no le dejas de amar.


11

mio sîdî ïbrâhîm
yâ tú uemme dolge
fente mib
de nohte
in non si non keris
irey-me tib
gari-me a ob
legar-te

Mi señor Ibrahim,
oh tú hombre dulce
vente a mí
de noche.
Si no, si no quieres,
me ire a ti,
dime a dónde
encontrarte.


12

si si ben yâ sîdî
k(u)ando benis vos y
la bokella hamrâ
sibarey ka-al-warsi

Sí, sí, ven, oh señor mío,
cuando (si) venís aquí,
la boquita roja
alimentaré (de besos) como la paloma rojiza.


13

al-sa'amu mio hâli
borqe hâlî qad bâri
ke farey yâ ümmi
fâniqî bad lebare

La muerte es mi estado,
porque mi estado (es) desesperado.
¿Qué haré, oh madre mía?
El que me mima va a marcharse.


14a,b

adamey
filiolo ali(e)no
ë el a mibi
kered-lo
de mib katare
suo al-raqîbi

Amé
a un hijito ajeno
y él a mí;
lo quiere
apartar de mí
su espía (guardador).


15

non kero yo ün hil(l)ello
il(l)â al-samarello

No quiero yo ningún halagador,
más que el morenito.


16

ben 'indî habîbî
si te bais mesture
trahirá samâga
imsi ad unione

¡Ven a mi lado, amigo!
Si te vas, el engañador
traerá algo malo.
¡Ven a la unión!


18

no se kedad ni me kered gaïre
kilmâ
non ayo kon seno esusto dormire
ma(m)â

No se queda ni me quiere decir
palabra
No dormiré con el seno abrasado,
madre.


20

baido-me ad isbilyâ
fî zayî tâgir
qebrare al-gudures
de aben muhâgir

Me voy a Sevilla
en traje de mercader
(a) quebrar los muros
de Ibn Muhâgir.


38b

bai-se mio qoragon de mib
yâ rabbî su se tornarad
tan mal mio doler al-garîb
enfermo ÿed quan sanarad

Mi corazón se va de mí
¡Oh Dios! ¿Acaso me volverá?
Tan mal (es) mi doler extraño
(que) enfermo está (mi corazón), ¿cuándo sanará?


45

al-sab(b)âh bubu gar-ne de on benes
ya leso ke a otrî ames
a mibi tan [ben] qeres


Carita bella, buena, dime de dónde vienes
ya te dejo que ames a otra
(si) a mí también me quieres.

miércoles, 25 de enero de 2012

¡¡¡A CLASE CON MANTAS!!!

Alumnos y alumnas de 3ºA han acudido a clase esta mañana ataviados con pijamas, batas, mantas, gorros y bufandas en protesta por los recortes. Todavía está por esclarecer si algunos de los bostezos contagiosos en la clase de Sintaxis han sido debidos al efecto relajante de los pijamas o si la culpa la tienen las oraciones atributivas... El caso es que la clase de hoy no ha sido una clase corriente gracias a estos chicos y chicas con talento y con talante, tan comprometidos con su instituto y con la calidad de la enseñanza pública.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Taller de Teatro 3º A y 3º B por Alicia Rodríguez, profesora de Castellano





MARIONETAS



En el último trimestre nos propusimos la creación de marionetas con el objetivo de hacer más amena y divertida la clase de teatro. Fue una actividad que tuvo gran acogida, si no fuera por el hecho de que algunos de los alumnos no habían cogido nunca una aguja, pero fue una actividad muy motivadora porque fue algo que pudieron realizar con sus propias manos; a la par que fomentaba el trabajo también en equipo. Al alumnado se le facilitó el material para confeccionar marionetas: hilo, aguja, algodón, tijeras, fieltro y un calcetín (que se trajeron de casa). Además, algunos alumnos hiceron una marioneta bastante original añadiendo rastas, sombreros, manos o vestidos a su marioneta. El objetivo final de esta actividad era la creación de marionetas pero además con ellas cambiamos los roles de personajes de la literatura; por ejemplo, Elicia y Areúsa, meretrices en La Celestina, eran empresarias en esta nueva versión de los clásicos. La verdad es que fue bastante divertida y pudimos pasar un buen rato.




PROGRAMA RADIOFÓNICO



También en este trimestre se les propuso a los alumnos la creación, por grupos, de un programa radiofónico (tipo los 40 principales) con público real. En este caso, mi compañera, Pilar Vicente, trajo a su grupo de PCPI como público, que al mismo tiempo que veía la actividad también la estaba valorando. Fue una actividad bastante motivadora, al principio, que consiguió eliminar la vergüenza del alumnado a la hora de hablar en público. Se les dio un listado de actividades que tenían que realizar en dicho programa y fueron ellos los encargados de distribuir el tiempo, así como lo que cada uno tenía que hacer y decir. Además, incluso añadieron otras actividades, no establecidas, con lo que se consiguió realizar el programa de una manera mucho más amena y eficaz. Con ello, se fomentó sobre todo el trabajo en equipo y también que se pusieran al día en los trabajos pedidos. Fue una actividad bastante amena y diferente a sus actividades cotidianas.




Poemas seleccionados por 4º D: Siglo XX

Inauguramos el nuevo curso con algunos de los poemas que seleccionaron los alumnos de 4º D antes de las vacaciones, deseando muy buena suerte a aquellos que nos dejan.


Poema seleccionado por Sheila Martín:

¡Adiós!

de Alfonsina Storni

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más!...



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Poema seleccionado por Adrián Agulló:

Despedida

de Federico García Lorca

Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo).

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento).

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!


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Poema seleccionado por Julia Martínez V.:

Diosa

de Vicente Aleixandre

Dormida sobre el tigre,
su leve trenza yace.
Mirad su bulto. Alienta
sobre la piel hermosa,
tranquila, soberana.
¿Quién puede osar, quién sólo
sus labios hoy pondría
sobre la luz dichosa
que, humana apenas, sueña?
Miradla allí. ¡Cuán sola!
¡Cuán intacta! ¿Tangible?
Casi divina, leve
el seno se alza, cesa,
se yergue, abate; gime
como el amor. Y un tigre
soberbio la sostiene
como la mar hircana,
donde flotase extensa,
feliz, nunca ofrecida.
¡Ah, mortales! No, nunca;
desnuda, nunca vuestra.
Sobre la piel hoy ígnea
miradla, exenta: es diosa.

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Poema seleccionado por José Antonio Valero:

Clávame con tu ojos esa nube

de Claudio Rodríguez

Clávame con tus ojos esa nube
y esta esperanza de hombre que me queda.
¿Por dónde yo si estaba en la alameda
de tus ojos mintiendo cuando estuve?

Disciplina de todo lo que sube.
De lo que mira y ve, mientras se enreda
su triste agilidad, como en la rueda
de tus campos del cielo que no anduve.

Y es por seguir cegueras sin mancilla
por lo que tanta bruma nos separa
y hace del resplandor su maravilla,

su clavel mudo. ¡Y qué ajenos al daño
después, cuando tus ojos son la clara
locura de no verme siempre extraño!


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Poema seleccionado por Mayte Pérez:

Bella

de Pablo Neruda

Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.

Bella
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos,
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
No hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.


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Poema seleccionado por Alejandro Montero:


Todas íbamos a ser reinas


de Gabriela Mistral


Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."

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Y uno más, seleccionado por Pilarv:

Una despedida

de Jorge Luis Borges

Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad
- ------- de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
-------- sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la
------- -soledad ya cercana.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el
---------lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus
-------- lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
-------- entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
---------Noches y singladuras.




martes, 21 de junio de 2011

¡¡FELICES VACACIONES!!

OS DESEAMOS QUE PASÉIS UN FELIZ VERANO REPLETO DE EXPERIENCIAS MARAVILLOSAS.
NOS VEOS EN SEPTIEMBRE CON ENERGÍAS RENOVADAS PARA SUPERAR TODOS LOS OBSTÁCULOS Y CONSEGUIR LO QUE NOS PROPONGAMOS.
ESTE PRECIOSO CUENTO DEL ESCRITOR Y PSIQUIATRA JORGE BUCAY ES UN PEQUEÑO GRAN OBSEQUIO QUE OS QUEREMOS REGALAR PARA QUE TERMINÉIS EL CURSO CON UNA BONITA Y EDIFICANTE ENSEÑANZA.

viernes, 17 de junio de 2011

La biblioteca de Babel (Jorge Luis Borges)

Con motivo del 25º aniversario de la muerte del escritor argentino Jorge Luis Borges, comparto con vosotros este impresionante relato que tanto me impactó la primera vez que lo leí. Para los amantes de las lenguas y los libros, de las ciencias humanas, divinas, exactas o inexactas, para quienes piensan el universo y para quienes lo sueñan. Espero que lo experimentéis y sintáis con la misma intensidad.

LA BIBLIOTECA DE BABEL

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar
estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.
Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.
Jorge Luis Borges

domingo, 5 de junio de 2011

Vota para el concurso "Blogueamos a Miguel Hernández"



Los alumnos seleccionados en el concurso "Blogueamos a Miguel Hernández" organizado por el Diario Información, esperan vuestro voto. Ya podéis visitar los blogs seleccionados en la categoría Individual y Grupos, y votar por el que más os guste. Seguro que va a ser muy interesante ver de qué manera han homenajeado a nuestro más querido poeta estos jóvenes procedentes de diferentes institutos de las tierras alicantinas.
Podéis acceder a los blogs a través de los siguientes enlaces:

viernes, 3 de junio de 2011

Concurso literario La Torre: textos ganadores

Podéis leer los textos ganadores a través del blog de la biblioteca del IES Victoria Kent, pinchando aquí.

domingo, 29 de mayo de 2011

El poeta favorito de Josefina Manresa

EL VALS DE LOS ENAMORADOS




    No salieron jamás
    del vergel del abrazo.
    Y ante el rojo rosal
    de los besos rodaron.

    Huracanes quisieron
    con rencor separarlos.
    Y las hachas tajantes
    y los rígidos rayos.

    Aumentaron la tierra
    de las pálidas manos.
    Precipicios midieron,
    por el viento impulsados
    entre bocas deshechas.
    Recorrieron naufragios,
    cada vez más profundos
    en sus cuerpos, en sus brazos.
    Perseguidos, hundidos
    por un gran desamparo
    de recuerdos y lunas,
    de noviembres y marzos,
    aventados se vieron
    como polvo liviano:
    aventados se vieron,
    pero siempre abrazados.

domingo, 22 de mayo de 2011

Emilia Pardo Bazán, por Sandra Pardo López

Emilia Pardo Bazán




Este documental nos relata la apasionada vida de la escritora Emilia Pardo Bazán, que dedicó sus días a la literatura y a la defensa de la mujer ante una sociedad machista.

La gallega Emilia Pardo Bazán manifiesta públicamente su desacuerdo con el trato dado a las mujeres por la sociedad y se identifica como feminista comprometida defendiendo el acceso de las mujeres a la cultura.

Hija única del matrimonio formado por el político José Pardo Bazán y Amelia de la Rúa nacida el 16 de septiembre de 1851, Emilia descubrió su afición a la lectura gracias a la biblioteca familiar.

Su padre, de fuertes principios éticos, resultó ser un gran apoyo en su formación y en la consolidación de sus ideales liberales.

En 1869, la escritora se casa con José Quiroga, un muchacho de buena familia recomendado por sus padres, y se instalan en Santiago de Compostela.

Los cambios políticos producidos por la revolución realizada para expulsar de España a la reina Isabel II incidieron en el matrimonio, ya que como José Quiroga era diputado, debieron trasladarse a Madrid junto con su familia.

Una vez allí, Pardo Bazán asiste a reuniones del Parlamento para así introducirse en el ambiente propio de sus intereses.

En las tertulias y círculos literarios puede conocer a personas que realmente admira, entre ellas, los escritores naturalistas.

En 1883 fue publicada La cuestión palpitante, una recopilación de los artículos publicados en el periódico La Época con prólogo de Leopoldo Alas Clarín, que la convierten en una persona no grata para determinados sectores de la sociedad de entonces, más que nada por su condición de mujer y su defensa de unos principios, al igual que hacía el hombre.

Debido a este tipo de presiones, su marido le pidió que dejara de escribir, cosa que llevó a la ruptura amistosa del matrimonio con tres hijos: Jaime, Carmen y Blanca.

La tribuna, publicada en 1883, es considerada como la primera novela naturalista de Emilia Pardo Bazán, siendo origen de la envidia de algunos escritores ya que representaba la realidad con una objetividad perfecta.

Ambientada en Madrid, Insolación representa un anticipo de lo que será la novela del s. XX. Tal modernidad será lo que lleve a los críticos a realizar comentarios poco favorables, como los de Clarín, que arremete sin ningún miramiento sobre esta obra.

Emilia Pardo Bazán mantuvo una discreta relación con su amante y consejero Benito Pérez Galdós durante 20 años, por eso mismo se disculpó al haberle sido infiel con José Lázaro Galdiano.

Además de las populares novelas Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, Emilia Pardo Bazán también se dedicó a otras modalidades literarias como el ensayo, los cuentos, los libros sobre gastronomía y publicaciones en prensa nacional y extranjera.

En 1981 publica Memorias de un solterón, la segunda parte de La tribuna, en donde manifiesta abiertamente su defensa de la emancipación femenina.

En 1908 es nombrada condesa Pontificia de Pardo Bazán por el rey Alfonso XIII.

Fue la primera mujer que ocupó el cargo de presidenta de la sección de literatura del Ateneo de Madrid.

Emilia Pardo Bazán, siguiendo uno de sus mayores sueños, solicitó entrar en la R.A.E. durante el año 1912, pero un informe elaborado en 1853 en el que se prohibía la entrada de mujeres a la institución se lo impidió. No sería hasta 1979 cuando por vez primera una primera, Carmen Conde, fuese elegida como miembro de número.

Para compensar el rechazo de la R.A.E. se la nombró catedrática de lenguas neolatinas en la Universidad de Madrid. Será, en 1916, la primera mujer que ocupe una cátedra sin oposición.

Según la escritora Marina Mayoral, Emilia Pardo Bazán escribía muy bien ya que tenía un dominio considerable del lenguaje. Las estructuras de sus novelas están bien construidas y ella, a diferencia de muchos escritores, no es provinciana. Cuando ya es escritora consagrada, incorpora el simbolismo y el modernismo a sus obras. Destaca en ella su gran capacidad para asimilar lo nuevo, de tener siempre la mente abierta.

El 4 de mayo de 1921, en el periódico ABC, aparece el que iba a ser su último artículo, que quiso dedicar a la obra de Tagore. A los ocho días, el 12 de mayo de 1921, fallece en Madrid. Se fue una de las mujeres que más influyó en la mentalidad de aquel entonces, siendo siempre ella misma y sin aceptar los límites marcados por la sociedad.

“Para el español todo puede y debe transformarse,

sólo la mujer ha de mantenerse inmutable”

Sandra Pardo López 4ºB