
Los
cancioneros del siglo XV son antologías que recogen composiciones líricas de carácter culto escritas por autores individuales. Reciben el nombre de poesía cortesana porque nacen en ambientes refinados y palaciegos, destinadas a nobles que ya no son sólo guerreros, sino cortesanos que ocupan su tiempo en torneos, cacerías, fiestas y también en componer versos. De esta manera, la lírica se va enriqueciendo con nuevos ritmos y temas.
El
tema predominante de la poesía cancioneril es el
amor cortés procedente de la
lírica trovadoresca provenzal. Los trovadores eran poetas cortesanos que componían tanto el texto como la música que los acompañaba. Se trata de un amor imposible que sufre en secreto el amado, quien se sitúa al servicio de la amada, su señora, en ocasiones casada, de quien sufre sus desplantes. Así, el amor cortés presenta a la mujer idealizada como un ser superior e inaccesible que encarna la perfección física y espiritual, y que no corresponde al enamorado, quien le rinde culto y vasallaje como si se tratara de un señor feudal. Este sufrimiento por amor a una mujer a la que se venera como a un dios, enaltece el espíritu del enamorado y lo perfecciona, ennobleciéndolo.
La lírica trovadoresca influyó también en la lírica gallega y en la catalana, cuya lengua poética fue el provenzal. Su importancia fue enorme en Italia, cuyo máximo representante, Petrarca, ejercerá gran influencia en la poesía posterior, dando lugar a una corriente literaria denominada
el petrarquismo, a finales de la Edad Media.
Otros temas presentes en las poesía cancioneril son las reflexiones morales como la fortuna (el destino), el paso del tiempo y la muerte; y las sátiras morales y políticas.
Las formas métricas utilizadas por los poetas del Cancionero fueron el octosílabo para los verso de arte menor y el dodecasílabo para los versos de arte mayor, aunque con el tiempo la influencia italiana petrarquista fue desplazando este verso por el endecasílabo.
Canción
Recuérdate de mi vida, pues que viste mi partir e despedida ser tan triste.
I
Recuérdate que padesco e padesçí las penas que non meresco, desque vi la respuesta non devida que me diste; por lo qual mi despedida fue tan triste.
II
Pero no cuydes, señora, que por esto te fue ni te sea agora menos presto; que de llaga non fingida me feriste; así que mi despedida fue tan triste.
Soneto
Lejos de vos y cerca de cuidado, pobre de gozo y rico de tristeza, fallido de reposo y abastado de mortal pena, congoja y braveza,
desnudo de esperanza y abrigado de inmensa cuita y visto de aspereza, la mi vida me fuye, mal mi grado, la muerte me persigue sin pereza.
Ni son bastantes a satisfacer la sed ardiente de mi gran deseo Tajo al presente, ni me socorrer
la enferma Guadïana, ni lo creo. Sólo Guadalquivir tene poder de me guarir y sólo aquél deseo.
Serranilla VII Moza tan fermosa non vi en la frontera, com'una vaquera de la Finojosa. Faciendo la vía del Calatraveño a Santa María, vencido del sueño, por tierra fraguosa perdí la carrera, do vi la vaquera de la Finojosa. En un verde prado de rosas e flores, guardando ganado con otros pastores, la vi tan graciosa, que apenas creyera que fuese vaquera de la Finojosa. Non creo las rosas de la primavera sean tan fermosas nin de tal manera; fablando sin glosa, si antes supiera de aquella vaquera de la Finojosa; non tanto mirara su mucha beldad, porque me dejara en mi libertad. Mas dije: «Donosa -por saber quién era-, ¿dónde es la vaquera de la Finojosa?» Bien como riendo, dijo: «Bien vengades, que ya bien entiendo lo que demandades; non es deseosa de amar, nin lo espera, aquesa vaquera de la Finojosa». |
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